Mathew Street y mi afición por los Beatles
July 17th, 2007 by James
Mi afición por los Beatles data de la niñez. Solía escucharlos cuando estaba en la primaria. Diariamente, regresaba a casa ansioso por oír Do you want to know a secret o Michelle, canciones que han pasado a formar parte del tesoro de mi vida pasada. También recuerdo que mi hermana fue la gestora. Ella solía reproducir las melodías del grupo inglés todo el día. O, al menos, gran parte de él. Así empezó mi afición por los Beatles. Una banda que genera turismo.
No fueron de Londres, sino de Liverpool. Y gusto hablar de ellos por la fuerza de su imagen. Ahora mismo, miles de peregrinos (no solamente fanáticos) llegan hasta Gran Bretaña para conocer la realidad en que vivió el cuarteto ‘sesentero’. Claro que los tiempos han cambiado. Pero los vecinos de Mathew Street (MS) se encargan de que aquí se detenga. Como es obvio, siempre se tejen mitos y especulaciones sobre cómo fue su niñez, qué colores fueron sus favoritos, quién fue el más engreído. Basta ya de retórica: con Usted, el epicentro de la beatlemanía: MS.
Los turistas llegan por cientos aquí. A esta calle mítica donde, cuarenta años atrás, John Lennon (voz y guitarra rítmica), Paul McCartney (coros y bajo), George Harrison (primera guitarra) y Ringo Starr (batería), pululaban tranquilos. Sin saberse famosos ni abrumados. Sólo los embargaba la ilusión de hacer música e ir a los conciertos de Elvis Presley. Al Principio, se llamaron The Quarrymen (nombre de la escuela donde estudiaban), pero luego el genio de Lennon se imaginó a las gentes bailando sus canciones (como danzaban con Presley). Y pensó que se moverían como escarabajos (beetle), por lo que rebautizó su banda adolescente con The Beatles.
Podemos encontrar mucho de ellos en The Cavern, aquel mítico pub donde dieron sus primeros pasos. Ubicado en MS, guarda el honor de ser la cuna del grupo más popular de la historia del rock. Dentro, encontramos desde monumentos hasta recuerdos. Y nos sugestionamos a tal punto de creer que Lennon está presente cantando Twist and shout. Para salir del encanto, salimos del pub. Y nos vamos a The Grapes, un bar frecuentado por los músicos adolescentes para beber cervezas. Es que en The Cavern no estaba permitido el alcohol. Y menos para niños frenéticos.
Tiendas, centros nocturnos y The Beatles Shop también están aquí. Este último es un caso aparte, una atracción paralela. O, como leí, “el paraíso de los coleccionistas beatlemaníacos”. Es concurrido por quienes conservan objetos alegóricos sobre el grupo. Desde inofensivas prendas de vestir hasta piezas discográficas rarísimas. Todo esto hace de MS un lugar predilecto, una fantasía echa sueño.
Así, mientras exista el inglés, existirán los Beatles. Con su misticismo y encanto arrollador. En todo el mundo hay fanáticos. Por ello, no es extraño que converjan desde rincones inéditos o plazuelas desconocidas hombres y mujeres amantes del los bailes escarabajo. ¿Disfruta Usted de su música? ¿Se anima a emprender un atrevido tour musical por la calle donde el cuarteto británico dio sus primeros pasos? ¿No le caería bien una visita a Mathew Street? No olvide lo que Nietzsche dijo: “Sin música, la vida sería un error”.
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